Razón y finalidad de la vida terrena

 

¿Felicidad terrena o eterna? ¿Qué trajiste contigo a la eternidad?


1 «Si un pueblo se vuelve voluptuoso o sensual bajo el régimen de personas bondadosas y blandas, dedicándose sólo a lo que le procura felicidad en la Tierra, Dios, que mira sólo por el bien espiritual de cada cual, no puede estar de acuerdo con situación semejante porque produce la muerte del espíritu según el Orden divino. Lo mismo que a un adolescente que desde la cuna llevó una vida principesca y se desinteresó por la vida espiritual, igual le ocurre al pueblo que lleva una vida harta.

2 Entra en los palacios de los ricos e infórmate sobre la educación exigida por Dios: verás que en la mayoría no existe. Busca a continuación al campesino en su choza y lo encontrarás en medio de su familia bendiciendo el pan escaso. ¿Cuál de los dos prefieres? Respondes que al pobre en su choza y estoy de acuerdo contigo. Pues este reza en espíritu, educando y elevando sus hijos a Dios. El dios del rico es su cuerpo, al que adora y venera con toda clase de placeres. Así educa también a sus hijos, y tal educación no puede agradar a Dios porque con ella nunca se podrá conseguir el sublime fin para el que Dios creó a los hombres.
3 Lo mismo sucede con un pueblo: cuanto más tiene, más sensual se vuelve. Provisto de todo, ya no necesita a Dios y finalmente le olvida, divinizándose a sí mismo en aquello que más agrada a sus sentidos. ¡Esta fue desde siempre la causa del paganismo!
4 Conjeturas: “¿Para qué sirven entonces la Omnipotencia y la Sabiduría divinas que no pueden impedir tales cosas?”. Te respondo que si la Divinidad condenase con su Omnipotencia a los espíritus dotados de libertad, ¡adiós libre albedrío! Si tal hiciera, formaría muñecos mecánicos en vez de espíritus completamente libres e independientes de Dios que deben volverse dioses cuando alcancen su perfección.
5 Respecto a la influencia de la Sabiduría divina, precisamente produce estas situaciones sobre criaturas pervertidas para permitir que sean llevadas de nuevo al destino fijado. No deja de ser un juicio y en cierto modo una constricción, pero que afecta apenas a la criatura exterior, para que cuanto antes pueda despertar y asumir su finalidad. La Omnipotencia juzgaría y mataría totalmente a la persona.
6 Reflexiona, pues, sobre si aún tienes derecho a culpar a la Divinidad como si nada hiciese en favor de sus hijos o de que cuando lo hace, apenas es sino una manifestación de inclemencia y falta de Amor, por lo tanto algo ruin.
7 ¿Todavía consideras despreciable la vida terrenal? ¿Y a su inventor un ser que carece de motivos para vanagloriarse de su obra?
8 Si poseyeras el menor atisbo de entendimiento, además del de Hegel, confirmarías a través de muchas experiencias que en la Tierra, donde todo ha de ser pasajero, nunca encontrarás una verdadera felicidad, porque, debido al orden natural de las cosas, con el tiempo se vuelve mutable y, finalmente, perecedera.   
9 ¡Podrá hablar de verdadera bienaventuranza quien acumula tesoros según mi doctrina, que no los destruye el orín ni la polilla; porque lo que dura eternamente, en verdad es mejor que la materia sujeta al tiempo!
10 ¿Qué fue lo que conseguiste con tus aspiraciones a la felicidad puramente terrenal? Un poco de pólvora y de plomo acabaron con tus elevados proyectos. No hace al caso si fue o no merecido. Yo mismo pasé por esa desgracia aunque con la siguiente diferencia: Yo para Dios y el Espíritu; tú en pro de lo temporal.
11 Podrías repetir mis palabras: “Señor, perdónalos pues no saben lo que hacen y creen actuar por la justicia”. Sobre esto nada tengo que decir. Pero... ¿qué trajiste contigo a la eternidad? Amigo, esta es una pregunta muy diferente. ¿Acaso te podrá dar algo el perdido mundo? Medita sobre todo ello y dime que harás aquí».

 

La propia muerte es un medio de salvación del Amor divino

1 «La muerte de las criaturas de esta Tierra es, para los sentidos, un suceso triste, generalmente acompañado por dolor. La propia inteligencia la considera dura y cruel por parte de una Divinidad omnipotente que pretende estar llena de Amor y Misericordia. Por ello ¡cuántas veces no fue maldecida e incluso negada por completo!
2 Pero hay en este caso la misma necesidad que en el nacimiento. El espíritu libre del hombre sólo puede librarse del juicio que impide su libertad, alejándose de su envuelta temporal que le es dada mientras está aislado del Ser divino, momento que sólo conoce Dios, Creador de la vida. Cuando se produce esta maduración, llega la hora de sacar al espíritu del peso que le estorba su libertad.
3 Preguntas, como muchos: “¿Por qué no se realiza tal separación de modo indoloro?”. Y yo te respondo: Si cada cual viviera dentro de las enseñanzas de Dios, la muerte le sería un placer o, como mínimo, indolora. Como con su libertad las criaturas infringen el orden en la materia a la que el espíritu está atado con fuertes grilletes que lo atraen al amor mundano, el rompimiento es tanto más doloroso cuanto más se inclina el espíritu a la materia.
4 Así y todo, tal dolor no es inclemencia sino puro Amor divino. Pues si en casos tales la Divinidad dejara de emplear cierta violencia, que naturalmente no puede ser agradable, el espíritu se condenaría plenamente, o sea, sufriría la muerte horrenda y plena representada por el propio infierno. Actuando así para salvar el espíritu del hombre, ¿merece la Divinidad ser blasfemada e incluso negada? Por desgracia hay muchos espíritus que no quieren saber nada de Dios una vez que alcanzan su libertad; pero Dios sigue conduciéndolos a la perfección por los caminos adecuados.
5 En los tiempos primitivos, las criaturas por lo general alcanzaban edades avanzadas y morían dulcemente y sin sufrimiento. Y ello porque entonces Dios no podía separar su espíritu de la materia tan fácilmente como hoy, porque entonces el mundo no las sometía ni mucho menos a grandes tentaciones como hoy, por lo que vivían más introvertidas y en unión más íntima con Dios.
6 Cuando al correr de los tiempos los hombres descubrieron otras atracciones externas que originaron su alejamiento de Dios, su vida terrena se acortó gradualmente.
7 Al final olvidaron totalmente a su Creador, llegando al polo opuesto al Orden divino, donde los esperaba la muerte eterna. Con lo que se hizo necesario a Dios aproximarse y revelarse de cuando en cuando para salvarlos de la perdición eterna. Muchos se dejaron salvar; innumerables otros no lo quisieron libre y espontáneamente. ¿Acaso hubiera debido la Divinidad, porque no querían atender a su Amor, señorear en ellos mediante su Omnipotencia? ¡Hubiera sido lo mismo que destruirlos!
8 El Amor eterno, movido por la Sabiduría, solamente puede decir: “Os alejasteis de Mí, luego me negasteis, me maldijisteis y os integrasteis en otra escuela conservadora que os fue preparada para vuestra posible liberación: el fuego de la condena de la materia tendrá que separaros del mundo, de lo contrario estaréis perdidos”.
9 Si para impedir semejante desgracia la Divinidad hace que la Tierra sea castigada por plagas, ¿acaso no existe? O, si admitimos su existencia, ¿será inclemente e insensible porque hace lo que considera necesario? ¿Cómo puedes imaginar que Dios maldiga y condene sus criaturas? ¿Qué beneficio podrá conseguir con ello?
10 Siendo su Voluntad otorgar plena independencia a los seres, ¿no debe ser la mayor preocupación suya impedir que de nuevo vengan a caer en los brazos de su Omnipotencia, en los que su libertad sería anulada? Sería como apretar a tus hijitos con un abrazo tan fuerte que les costara la vida. Incluso si así hubieras hecho, ¿no irías a advertir a los demás de tu fuerza indómita, evitando con ello semejante experiencia nociva?
11 Dios no necesita experiencia porque posee Sabiduría infinita. Es el único y verdadero buen Pastor de todos los corderos y puede protegerlos de su Omnipotencia, que apenas usa para la formación de las cosas materiales, ¡pero nunca para crear espíritus libres! Estos deben surgir únicamente de su Amor y Sabiduría, de lo contrario no sería posible darles libertad, por lo tanto vida. La Omnipotencia divina sólo produce juicio tras juicio».

Fragmentos del libro: Desde el infierno al Cielo: La vida del revolucionario Roberto Blum en el Más Allá 
Recibido al dictado de la voz interior por el profeta Jakob Lorber

Nuestro Señor Jesús sobre Si mismo

Jakob Lorber - el escriba de Dios

Academia Espiritual de Yoga ANANDA