“LA RESURRECCION DE SRI YUKTESWAR” - Yogananda- la segunda parte

“Cualquier cosa que el ser humano pueda urdir en la fantasía, el ser causal puede hacerlo en la realidad. La más colosal inteligencia imaginativa humana es capaz, sólo en la mente, de tener alcance de un extremo de pensamiento a otro; de saltar mentalmente de un planeta a otro, o desplomarse interminablemente a un abismo eterno, o cernerse como un cohete en un dosel galáctico, o cintilar como un reflector eléctrico sobre la vía láctea y los espacios interestelares. Pero los seres en el mundo causal tienen una libertad mucho mayor y pueden manifestar sin esfuerzo sus pensamientos en instantánea objetividad, sin ninguna obstrucción material o astral o limitación kármica.
“Los seres causales dan cuenta de que el cosmos físico no fue construido, en su principio, de electrones ni tampoco el cosmos astral compuesto básicamente de biotrones; ambos fueron, en realidad, creados de las diminutas partículas de pensamientos de Dios, desintegrada y divididas por Maya, la ley de relatividad, que interviene para separar aparentemente el número de sus fenómenos.
“Las almas, en el mundo causal, se reconocen una a otra como entes individualizadas del Espíritu gozoso; sus pensamientos-cosas son los únicos objetos que les rodean. Los seres causales ven la diferencia entre sus cuerpos y los pensamientos que reducen a meras ideas. Como un hombre, cerrando sus ojos, puede visualizar una luz blanca deslumbrante o una bruma azul que se desvanece, también los seres causales, por el pensamiento sólo, son capaces de ver, oír, sentir, gustar y tocar; ellos crean cualquier cosa, o la deshacen, por el poder cósmico de la mente.

“Tanto la muerte como el renacimiento en el mundo causal se verifican en pensamiento. Los seres del cuerpo Causal gozan, se deleitan, se agasajan únicamente con la ambrosía del conocimiento eternamente nuevo. Ellos beben de los manantiales de paz, vagan sin necesidad de caminos sobre la extensión de las percepciones, nadan sobre el océano infinidad de la gloria, pero, ¡hete aquí lo más sorprendente!: ¡Ven, por retrogresión anamnética, el brillante comienzo del entonces virgen poder inicial que desplegaron sus cuerpos-pensamientos durante el inconcebible proceso creador del Espíritu en la formación de trillones de planetas, burbujas recientes de universos, estrellas-sabiduría, sueños espectrales de nebulosas doradas, todo ese conjunto proyectado sobre el azul seno celestial del infinito.
“Muchos seres permanecen durante miles de años en el cosmos causal. Profundizando más los éxtasis, el alma liberada sale entonces de su limitado cuerpo y se incorpora a la vastedad del cosmos causal. Todos los separados remolinos de ideas, las ondas particularizadas de poder, amor, voluntad, goce, paz, intuición, serenidad, autocontrol y la concentración, se difunden en el eternamente gozoso Mar de la Bienaventuranza. Ya no tiene una lama que experimentar su deleite como una ola individualizada de conciencia, sino se mezcla con el Océano-Cósmico-Uno, con todas sus olas -risa eterna, vibraciones, éxtasis.
“Cuando un alma rompe el capullo de los tres cuerpos, ésta escapa para siempre de la ley de relatividad y se convierte en el inefable Siempre-Existente ¡Observa la mariposa de la Omnipresencia! ¡Tiene grabadas sus alas con estrellas, lunas y soles! El alma fundida en el Espíritu permanece sola en la región de luz sin luz, oscuridad sin oscuridad, pensamiento sin pensamiento, embelesada con el éxtasis de gozo en el sueño-Dios de la creación cósmica.
- ¡Un alma libre! -exclamé, sorprendido.
- Cuando un alma logra finalmente desasirse de los tres recipientes corpóreos de la ilusión -prosiguió el Maestro-, se hace una con el Infinito sin pérdida de su individualidad. Cristo había logrado esta libertad final aún antes de que El naciera como Jesús. En tres etapas de su pasado, simbolizadas en su vida terrenal con los tres días de experiencia de muerte y resurrección, él había obtenido el poder de elevarse completamente en Espíritu.
“El hombre no desarrollado debe someterse a incontables encarnaciones terrenales, astrales y causales con el fin de desprenderse de sus tres cuerpos. Un maestro que logra esta libertad final puede elegir si regresa a la Tierra como un profeta para hacer volver a Dios a los demás seres humanos, o como, en mi caso, él puede escoger residir en el cosmos astral. Allí un salvador asume algo del karma de ese mundo, ayudándoles así a terminar su ciclo de reencarnación en el cosmos astral y residir permanentemente en las esferas causales y proseguir él permanentemente hacia las esferas causales. Un alma libre puede entrar al mundo causal en auxilio de sus seres para abreviarles el lapso de permanencia en el cuerpo causal y obtener así su liberación absoluta.
- Maestro Resurrecto, quiero saber más acerca del karma que impulsa a las almas a regresar a los tres mundos.
Yo hubiera podido escuchar por toda la eternidad a mi Maestro Omnisciente, pensé. Nunca durante su vida terrenal fui capaz, en un momento dado, de asimilar tanto de sabiduría. Ahora, por primera vez, estaba yo experimentando una comprensión clara y definida sobre los interespacios enigmáticos encima del tablero de damas de la vida y la muerte.
El karma físico, o deseos del hombre, deben llevarse a la realización antes que su estancia permanente en los mundos astrales pueda ser posible -elucidó mi guru con su emocionante voz-. Dos clases de seres viven en las esferas astrales; uno que aún tienen karma terrenal, quienes deben por ese motivo rehabilitar un tosco cuerpo físico, a fin de pagar sus deudas kármicas y se dispongan para ser clasificados después de la muerte física, más bien como visitantes temporales al mundo astral que como residentes definitivos.
“A los seres de karma terrenal no redimido no les está permitido, después de la muerte astral, ingresar a la alta esfera causal de ideas cósmicas, sino que semejantes a una lanzadera, van de un sitio a otro: del mundo físico al mundo astral exclusivamente, conservando sucesivamente la consciencia de sus dieciséis elementos densos del cuerpo físico, y de sus diecinueve sutiles elementos del cuerpo astral. Sin embargo, después de cada desprendimiento del cuerpo físico, el ser no desarrollado procedente de la Tierra, permanece la mayor parte del proceso en un estupor profundo del sueño-muerte y difícilmente es consciente de la bella esfera astral. Después del descanso astral, tal hombre regresa al plano material para recibir lecciones ulteriores, acostumbrándose a sí mismo, a través de repetidas jornadas, a los sutiles mundos de contextura astral.
“Los residentes normales, o los establecidos por mucho tiempo en el universo astral, por otra parte, son aquellos que, libres para siempre de toda ansiedad material, no necesitan regresar más a las lentas vibraciones de la Tierra.“ Tales seres tienen solamente karma astral y causal por redimir. A la muerte astral, estos seres pasan al infinitamente más fino y más delicado mundo causal. Mudando la forma pensamiento del cuerpo causal al término de un espacio de tiempo determinado por la ley cósmica, estos seres adelantados regresan, entonces, a Hiranyaloka o a un planeta semejante astral, de altura, renacen en un nuevo cuerpo astral para llevar a efecto su no redimido karma astral.
“Hijo mío, tú debes ahora comprender en forma más completa que yo resucité por un decreto divino -continuó Sri Yukteswar-, más como un redentor de almas que reencarnan astralmente y que vienen de regreso de la esfera casual, en particular, que de aquellos seres astrales que vienen ascendiendo procedentes de la Tierra. Estas almas, si aún retienen vestigios de karma material, no pueden ascender hasta los muy elevados planetas astrales como Hiranyaloka.
“La mayor parte de los habitantes de la Tierra no ha aprendido a experimentar la visión que se adquiere por la meditación para apreciar los goces superiores y las ventajas de la vida astral, y por esta razón, después de la muerte, desea volver a los limitados e imperfectos placeres de la Tierra, de igual manera muchos seres astrales, durante la desintegración normal de sus cuerpos astrales, fracasan para retener en la mente el estado de adelanto propio del goce espiritual en el mundo de las ideas o causas y, morando en los pensamientos de la ostentosa felicidad astral, de mayor peso, anhelan volver a visitar el paraíso astral.
“El pesado karma astral debe ser redimido por tales seres antes que logren, después de la muerte astral, una estancia permanente en el mundo-pensamiento causal, tan finalmente seccionado del Creador. “ Solamente cuando un ser ya no tiene más deseos por satisfacer con experiencias agradables a la vista, del cosmos astral, y ya no puede ser tentado más para tener que volver allí, puede permanecer en el mundo causal. Completando así el trabajo de redención respectivo al karma causal, o simientes de los deseos pasados, el alma confinada arroja el último de los tres tapones de la ignorancia y, emergiendo del jarrón final del cuerpo causal, se identifica con el Eterno.
- “¿Comprendes ahora? -¡El Maestro sonrió encantadoramente!.
- Sí, por conducto de tu gracia; me mantengo callado por el júbilo y la gratitud. ¡Nunca de canción o relato alguno obtuve un conocimiento tan inspirador! Aunque las Escrituras Hindúes hacen referencia a los mundos astral y causal y a los tres cuerpos del hombre, ¡qué remotas e insignificantes resultan esas páginas comparadas con la cálida autenticidad de la revelación hecha por mi Maestro resucitado!, para quien, en verdad, no existe un solo “país por descubrir de cuyos linderos ningún viajero regresa”.
- La interpretación de los tres cuerpos del hombre se expresa de varias maneras a través de su triple naturaleza -continuó mi guru-. En estado de vigilia sobre la Tierra, un ser humano es más o menos consciente de sus tres vehículos. Cuando él ejerce sensorialmente las funciones del gusto, olfato, tacto, audición y vista, está actuando principalmente por conducto de su cuerpo físico. Visualizando o ejecutando la volición, está obrando principalmente por medio de su cuerpo astral. Su instrumento causal encuentra expresión cuando el hombre está pensando o sumiéndose profundamente en la introspección o en la meditación; los pensamientos cósmicos de los genios le vienen al hombre que habitualmente establece contacto con su cuerpo causal. En este sentido un individuo puede ser clasificado en general como: “un hombre material”, “un hombre  energético” o “un hombre intelectual”.
“Un hombre se identifica a sí mismo por espacio de dieciséis horas diarias con su vehículo físico. Después duerme; si él sueña, permanece en su cuerpo astral, creando sin esfuerzo cualquier objeto, igual como lo hacen los seres astrales. Si el dormir del hombre es profundo y sin sueños, por varias horas él se capacita para transferir su conciencia, o el sentido del yo, al cuerpo causal; tal dormir es vivificante. Uno que sueña cuando duerme, hace contacto con su cuerpo astral y no con el causal; su dormir no es completamente restituyente.” Yo estuve observando cariñosamente a Sri Yukteswar mientras él me exponía su maravillosa comunicación.
- Guru angélico -le dije-, tu cuerpo tiene la apariencia exacta que tuvo la última vez, cuando lloré ante él en la ermita de Puri.
- Así es; mi nuevo cuerpo es una copia perfecta del anterior. Yo materializo o desmaterializo esta figura en cualquier momento a voluntad, con mucha mayor frecuencia que lo hice sobre la Tierra. Por la rápida desmaterialización, viajo ahora instantáneamente, valiéndome de un expreso de luz, de a planeta, o bien, del mundo astral al mundo causal o al físico.
Mi divino guru añadió sonriendo:
- A pesar de que estás cambiando de lugar con tanta frecuencia en estos días, no tuve dificultad para localizarte en Bombay.
- ¡Oh, Maestro, estuve tan profundamente afligido por tu muerte!
-¡Ah! ¿En dónde morí yo...? ¿No hay alguna contradicción? -Los ojos de Sri Yukteswar estaban parpadeando recreativamente, con amor. Únicamente has estado soñando en la Tierra; en esa Tierra viste mi cuerpo-sueño, posteriormente tú sepultaste esa imagen sueño.
En el presente mi cuerpo, más fino, que me observas, y que en ese momento estás abrazando más estrechamente, está resucitado sobre otro planeta-sueño-de-Dos más fino. Algún día ese cuerpo-sueño y ese planeta-sueño más fino dejarán de ser; tampoco ellos están hechos para existir por siempre.
“Todas las burbujas-sueño deberán estallar en forma eventual al toque final del completo despertar.
“Diferencia, hijo mío, Yogananda, entre sueño y realidad.”
Esta idea Vedántica de resurrección me conmovió, dejándome maravillado. Yo me avergoncé de haber compadecido a mi Maestro cuando contemplé su cuerpo sin vida en Puri. Por fin, comprendí que mi guru siempre estuvo completamente despierto en Dios, percibiendo que su propia vida, a medida que transcurría sobre la Tierra, y su presente resurrección, fueron sólo relatividades de las ideas divinas en el mundo cósmico.
- Te he dicho ahora, Yogananda, las verdades sobre mi vida, muerte y resurrección. ¡No te aflijas por mí; más bien difunde por todas partes la historia de mi resurrección de la tierra-sueño-de-Dios de los hombres a otro planeta-sueño-de-Dios de almas revestidas astralmente! ¡Nuestra esperanza se infundirá en los corazones de los soñadores-cegados por el “sueño maya” del mundo, temerosos de la muerte!.
- ¡Si, Maestro, con toda voluntad compartiré con los demás el goce de tu resurrección!.
- Sobre la Tierra, mis métodos de vida fueron demasiado incómodos, desagradables a la naturaleza de la mayoría de los hombres. A menudo yo te regañé más de lo que debía haberlo hecho. Tú pasaste mi prueba; tu amor brilló al través de todo el cúmulo de reprimendas -agregó él con ternura-. Vine también para decirte que nunca más usaré el rigor en la mirada para censurarte, no te regañaré más.
¡Cuánto he echado de menos los castigos de mi gran guru! Y cada uno fue para mí como un ángel guardián de protección.
- Queridísimo Maestro, repróchame un millón de veces, regáñame ahora.
- Ya no te reprenderé más. -Su divina voz era severa, empero con una sonrisa condescendiente-. Tú y yo sonreiremos juntos, tanto tiempo como nuestras dos figuras aparezcan desiguales ante Dios en el sueño-maya.
“¡Finalmente, nos fundiremos, haciéndonos uno con el Amado Cósmico; nuestras sonrisas serán la Suya, nuestro gozoso cantar unificado vibrando por toda la eternidad se esparcirá sobre las almas armonizadas con Dios. Sri Yukteswar me dilucidó ciertas materias cuyo contenido no puedo revelar aquí.
Durante las dos horas que pasó conmigo en el hotel de Bombay, me respondió todas las preguntas que le hice. Un cierto número de profecías que me confió ese día de junio de 1936, han tenido ya exacto cumplimiento.
- ¡Ahora tengo que dejarte, amado! -con estas palabras, sentí que el Maestro se desvanecía entre mis brazos.
“Hijo mío -su voz vibró en lo más profundo de mi alma-, cuando traspases los umbrales de nirbikalpa samadhi y me llames, vendré a ti en forma humana, tal como lo he hecho hoy...
Con esta celestial promesa, Sri Yukteswar se desvaneció ante mis ojos. Una voz espectral repetía, con un sonido musical y majestuoso trueno:
- ¡Dilo a todos! Quienquiera que sepa, por medio de nirbikalpa samadhi, que vuestra tierra es sólo un sueño de Dios, puede venir al más finalmente creado planeta de Hiranyaloka y encontrarme allí resucitado, con un cuerpo exactamente igual al que tenía en la Tierra. ¡Dilo a todos, Yogananda!.
La tristeza de su partida se había desvanecido. La piedad y la pena que me habían producido su muerte y que tanto tiempo robaran mi paz, se desvanecieron para convertirse en un sentimiento de vergüenza. Una sensación de bienaventuranza se  derramó sobre mí y penetraba por los poros recién abiertos de mi alma. Como organismos largo tiempo en desuso, ahora experimentaba la bendición del éxtasis. Los sentimientos y emociones de pasadas encarnaciones perdieron al instante sus manchas kármicas, renovados por la visita divina de Sri Yukteswar.

 

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