La Consagración

“Una sepa de vid plantada sin el Padre no toma vida. Esta será arrancada desde la raíz y al final perecerá” (Fragmento de “Evangelio de Santo Tomas”)

Aquí Jesucristo nos dice que todo lo que se manifieste sin estar centrado en Dios Padre, tarde o temprano, perecerá y no podrá perdurar eternamente, no podrá permanecer en la eternidad. ¿Por qué? A causa de que lo que no tiene el apoyo de Dios Padre, el apoyo del Supremo, solo puede ser efímero.En el momento en que algo es creado y se apoya totalmente en la ayuda de Dios, ese algo perdurará eternamente, no será efímero, ya que estará sin muerte. Así que una manifestación centrada en Dios integrará en ella algo de la vida eterna. De este modo nos guiará hacia la vida eterna.Si esta sepa de vid extrae su savia del mismo Padre Celestial, de Dios Padre, absorberá en su savia algo de la vida eterna y será inmortal. De otro modo, estará sometido a lo efímero y por tanto a la muerte. Tarde o temprano el tiempo lo destruye todo. Aquí podemos decir que Jesucristo habla de la fuerza del tiempo que destruye todo, a excepción de lo que es eterno, de lo que ha alcanzado la inmortalidad, porque solo aquello que tiene fundamento en Dios Padre es eterno y estará a salvo de la muerte. Todo aquello que no sea eterno, es solo mortal y tarde o temprano perecerá, desaparecerá, se arrancará desde su raíz porque está sometido al inexorable colmillo devorador del tiempo.

Los colmillos del tiempo lo devoran todo, a excepción de aquello que ha alcanzado la inmortalidad, de aquello que ha alcanzado la eternidad.
El tiempo destruye todo a excepción de aquellos que han alcanzado de verdad a Dios, que han alcanzado la perfección, que han obtenido el estado de inmortalidad. En este sentido conviene recordar que el ser humano puede acercarse a Dios mediante cualquier acción (karman) que haga cuando consagra.
En el momento de ofrecer los frutos a Dios, cuando Dios recibe la ofrenda de nuestra acción como fruto que será fructificado no de aquel que realiza la acción sino que de Dios el Padre, en esta situación el ser humano es en contacto con Dios Padre. El es de ese modo en contacto con el eterno y vive en cierta proporción el estado de comunión con aquello que es inmortal, con aquello que es eterno.
En esta hipótesis el ser humano es capaz de sentir como Dios lo abraza y al mismo tiempo como el se abre y puede abrazar a Dios Padre. Es un aspecto esencial que, si no lo olvidamos y persistimos en ofrecer a Dios nuestras acciones importantes a lo largo del día, especialmente desde del punto de vista del fruto, tendremos la posibilidad de centrarnos en Dios Padre, ser participantes en cierta proporción del estado de inmortalidad, del eterno que nos la transfunde indirectamente después de realizar el estado de consagración.
En esta situación podemos sentir su inspiración, fuerza, gracia, poder y lo que es más importante, estaremos absueltos de las cadenas del Karma.
Mucha gente tiene miedo a veces de las acciones que realiza. ¿Por qué? Porque estas acciones, cuando se hacen sin esta ofrenda de sus frutos hacia Dios, crean cadenas kármicas, en el sentido que después el ser humano, estará obligado tarde o temprano en esta existencia o en la futura a recibir los frutos que merece. Si la acción ha sido mala, estos frutos serán amargos; pero incluso en el caso de las acciones buenas, benéficas, el ser humano que no ha realizado la consagración de sus acciones hacia Dios, estará obligado de modo inexorable a volver a reencarnarse y recibir así estos frutos.
Por esta razón, en la visión de los sabios del planeta, la hipótesis de no realizar la consagración es sin embargo una hipótesis de encadenamiento. Es por eso que Jesucristo nos hace aquí entender que el centrar en Dios Padre,( expresado por esta corta parábola de la cepa de vid que tiene sus raíces en Dios), nos puede ayudar a alcanzar el estado de liberación de cualquier acción que realicemos, si está ofrecida a Dios como fruto anterior de la acción, si esta ofrenda nuestra está recibida y si nosotros sentimos el estado de gracia de Dios que recibe de este modo, nuestro regalo(ofrenda).
Mediante esta entrega nuestra, nos beneficiaremos interiormente de la gracia de Dios, con su fuerza y su inspiración en la realización de aquella acción y al mismo tiempo, la acción que realicemos no nos atará creando condicionamientos ni para el futuro cercano ni para las eventuales encarnaciones futuras.
Estaremos de verdad absueltos, si a través de nuestro nivel evolutivo, hemos logrado encarnarnos una y otra vez. A la inversa, en la situación en la que nosotros perdemos de vista centrar los frutos de nuestras acciones y ofrecerlas a Dios, el encadenamiento kármico se producirá de modo inexorable, e incluso inevitable.
Y en esta infeliz alternativa, tendremos que recibir obligatoriamente los frutos de nuestras acciones, en el sentido de que estaremos obligados a recogeilos en el momento oportuno, incluso en otra vida. Esto puede representar para nosotros una sujeción, una cadena, aunque los frutos que tendremos que recoger, estarán sin embargo buenos, porque estaremos obligados a hacer esto.
Debido a esto, estaremos obligados a reencarnarnos una vez más y aunque tendremos una existencia maravillosa, aunque nos beneficiaremos de los frutos sublimes, maravillosos, que dan felicidad, no podremos renunciar a estos frutos que vuelven a nosotros de modo obligatorio. En la situación en la que nos desapegamos de estos frutos y los ofrecemos a Dios, esta obligatoriedad no puede existir.
Por tanto, estaremos libres de los frutos de nuestras acciones, y aquél que las realiza a través de nosotros, en esta situación, es Dios mismo. Después de consagrar, sentimos su gracia efectiva porque no somos nosotros los que actuamos en este momento sino que es El, y así podemos estar extraordinariamente enriquecidos; porque a través de nuestras acciones podemos participar de modo directo en la manifestación divina.
Esto es un estado de gracia que puede tener el ser humano en cualquier momento con la condición de no olvidar y ofrecer los frutos de sus acciones importantes a Dios. Es muy importante realizar la consagración también cuando están juntos con su pareja antes de una fusión amorosa íntima. No perder nunca de vista que esta ofrenda de los frutos de la acción que se realizará, incluso por esta fusión amorosa que puede ser estática, maravillosa, de una inmensa felicidad, es necesario, sin embargo que se realice. Incluso en esta situación no tienen que olvidar que esta consagración, esta ofrenda del fruto de sus acciones tiene que ser, de modo obligatorio, ofrecida a Dios.
Aquél que olvida hacer la consagración, no se centra en Dios.
Algunos dicen: “Si he olvidado hacer la consagración pero la he hecho después”, esto es un error y tienen que saber que no tiene ningún tipo de valor hacer la consagración después. Pueden estar seguros que en un caso así, los frutos de su acción son en totalidad suyos y que no se pueden fructificar espiritualmente ulteriormente. No tiene ningún valor incluso ni 4 horas continuas, ni 6 horas, ni 8 horas después de realizar la acción, porque existe una ley del comienzo que hace que Dios se implique solo en lo que hagan con El simultáneamente. Lo que hace alguien como ignorante, o sea de modo egocéntrico, lo partenece y Dios no hace directamente nada después, para modificar algo en los frutos que han entregado egocéntricamente.
Existe también otro error que cometen algunos de tipo: “Yo no necesito consagrar las acciones importantes del día porque he hecho una consagración por la mañana y aquella consagración es suficiente”. Esto también es un error, que es mejor eliminarlo, porque aquella consagración global se refiere a la integración global de sus actividades, pero para ciertas acciones especiales que realicen, (incluso la fusión amorosa) tienen que saber que debe existir una consagración especial, distinta, precisa, que se debe realizar. Así que teniendo en cuenta que una consagración no insume más de 4 o 5 minutos de nuestro tiempo para las acciones muy importantes y no más de 1 minuto para las acciones secundarias vale la pena no perder esto vista y realizar las consagraciones. Esto contribuirá inmensamente a la aceleración de su evolución espiritual porque lo integrará en lo que se llama KARMA YOGA, que es Yoga instantáneo que nos permite ser tangentes con el Infinito, con Dios Padre a través de esta ofrenda de los frutos hacia El.
¿Como se realiza efectivamente la Consagración de una acción?
La Consagración se realiza en primer lugar con una sinceridad total y es como una ofrenda que se regala a Dios, como un regalo que se le ofrece desde el punto de vista de los frutos de la acción. Vamos a dar un ejemplo, algo muy banal.
Por ejemplo, en un determinado momento, alguien se despierta por la mañana y decide comprar leche para su madre. Se viste, toma dinero, toma la bolsa y va a comprar la leche para su madre pensando: la acción que hago ahora, su fruto, es para mi madre, que se alegrará mucho porque le he comprado leche. Esta acción no es para mi, a mi ni me gusta la leche, pero todo esto lo hago porque a mi madre le gusta la leche y se pondrá feliz cuando vuelva del trabajo y vea los 2 litros de leche que le he comprado y ofrecido. Cuando llegue le diré: “¡Madre, te ofrezco estos 2 litros de leche! ¡Son tuyos!”
En este caso, nuestra acción de ir a comprar la leche e incluso la leche comprada está utilizada para hacer feliz a nuestra madre.
Los frutos de esta acción pertenecen a nuestra madre. Podemos estar felices interiormente por la razón de que nuestra madre se pondrá contenta, pero con todo esto, la alegría que sentirá ella por la razón de que la hemos comprado para ella, le pertenece en su totalidad.
De modo idéntico en la situación en la que ofrecemos a Dios los frutos de una acción, debemos hacerlo con el candor de un niño, consagrar, para que no venga, lo que debíamos recibir o lo que debía seguir después de aquella acción, porque estos frutos están ofrecidos a Dios. Si hacemos así, aunque no sabemos teoremas metafísicos complejos, cuando ofrecemos o pensamos que vamos a ofrecer los frutos de nuestras acciones a Dios, sentiremos interiormente un estado inefable de comunión, de que nos cargamos con un flujo trascendente, extático, que siempre se manifiesta en nuestro ser desde arriba hacia abajo. Sentimos como entra por la coronilla y nos penetra, nos invade y hace que nuestro ser se inunde por este flujo de gracia que es la respuesta de que lo que hemos ofrecido como fruto, está aceptado por el Divino. Este estado nos confirma que esta consagración es fructifera y así estamos seguros de que la acción que vamos a hacer después, está inspirada por Dios, está sostenida por El, le pertenece en totalidad. Somos el instrumento a través del que se manifiesta el poder de Dios, y así nosotros somos el instrumento y Dios es aquel que beneficia. Los frutos le pertenecen, tanto los que seguirán después de una hora como también los que seguirán después de cinco años, diez años, cien años, doscientos años, ochocientos años; todos estos frutos son suyos en totalidad.
Si realizamos esto, si ofrecemos en un estado de candor a Dios, con anticipación, los frutos de nuestras acciones, y sentimos una respuesta transfiguradora, ennoblecedora, extática, que nos da fuerza, poder, e incluso pensamientos que nos ayudarán a perfeccionar la acción que vamos a realizar, entonces podemos decir que hemos consagrado nuestra acción de verdad a Dios como fruto y que esta ha sido recibida.
En la situación en la que unas acciones no son seguidas por esta respuesta, significa que la acción respectiva no está aceptada por el Divino y entonces no la tenemos que realizar. Paramos, porque ahí hay algo que no está en regla. Si Dios no acepta este regalo nuestro, significa que algo no está en armonía en nosotros, o en el ser con el que fusionamos, o en el momento respectivo, que puede que sea un momento malo que puede generar resonancia en nuestro ser. Esta ausencia de la respuesta, de la integración, nos hace entender que nuestra ofrenda no está aceptada, no está recibida. En este caso tenemos que parar porque si de todos modos realizamos esta acción, sus frutos nos encadenaran obligatoriamente y tendremos otra posibilidad para recibirlas únicamente mediante nuevos condicionamientos y a través de una ulterior encarnación. Es algo inevitable.
¿Si consagramos podemos considerar que la respectiva acción no tiene más efectos Kármicos?
Esta afirmación es real con la condición de que la consagración se haga de verdad y evidentemente si existe esta respuesta por parte de Dios. No basta si decimos: “¡Oh Señor! ¡Te ofrezco los frutos de mi acción de hoy!”. Si después de esto no sentimos aquel estado de comunión extática, aquella respuesta de Dios, que es como una reacción, entonces no se puede decir que hemos hecho de verdad la consagración y que no estaremos obligados a que nos encadenen los frutos de nuestra acción en una encarnación ulterior para recibir las consecuencias de nuestra acción actual. No es todo consagrar, sino que también sentir que ha sido aceptada nuestra consagración; y esto no se manifiesta necesariamente como una aparición de una voz interior que te dice: “!Si hijo, está bien!”, sino que es un estado interior o una reacción inefable que aparece de forma clara e indudable como algo ennoblecedor, transfigurador, que nos endiosa por unas fracciones de segundo o incluso por varios minutos y que nos enseña de verdad que podemos continuar y realizar aquella acción, porque así como decía, nunca una acción que ha sido realizada, se puede consagrar después a Dios. Es imposible, y pueden estar seguros que Dios no recibe nunca las acciones malas que alguien quiere realizar diciendo: “Si consagro no tiene importancia, ya que ahora consagro a Dios el acto de magia negra que hago para matar a mi vecino que me molesta. Si hago esto, Dios recibirá, e incluso me ayudará y yo no tendré Karma y seré un mago negro terrible debido a que todas mis acciones infames son acciones de Dios. Yo solamente me beneficio, porque es Dios que ha matado a mi vecino con mi ayuda.” ¡NO! Algo así esta excluido. Estas acciones Dios no las sostiene e incluso si alguien las consagra, la respuesta es No. De modo idéntico para las acciones aberrantes, paranoicas, que pudieran estar inspirados a hacer a alguien, por otras fuerzas oscuras, demoníacas o satánicas. No es todo ofrecer, sino que se tiene que recibir también esta ofrenda de los frutos de sus acciones por el Divino. No crean que acepta cualquier aberración.
Si queremos consagrar una determinada acción que tiene como meta nuestra transformación, por ejemplo, una acción para la purificación mental o para lo que consideramos que necesitamos, ¿qué implicaciones tiene este tipo de consagración?
Si los frutos de la respectiva acción están ofrecidos de verdad a Dios, entonces esta consagración puede tener solamente efectos Divinos, de total liberación nuestra de los frutos de la acción que realizamos, y al mismo tiempo hace que Dios se manifieste a través de nosotros y realice lo que nosotros le hemos consagrado.
Consagrando, por ejemplo, una sesión de asanas y consagrando sus frutos a Dios, sin duda nos abrimos tanto más hacia Dios, y su gracia, su poder, su inspiración, su energía, se verterán en los momentos que siguen después, en nuestro ser, y las cualidades de las vivencias y los estados que tendremos después serán extraordinarias en esta situación.
Por eso es tan importante consagrar los frutos de nuestras acciones a Dios. Así podemos recibir del Divino la fuerza, la inspiración y todo el soporte para que nuestra acción sea integrada en la armonía Divina. Olvidar hacer esto, implica que la respectiva acción, incluso espiritual, sea realizada con fuerzas propias, y será una acción egoísta que generará después, un determinado encadenamiento kármico. En esta situación tendremos que beneficiar después de una determinada situación existencial en una encarnación ulterior, en la que se nos compensará exactamente lo que hemos hecho. Si no hemos alcanzado la liberación espiritual, nos tenemos que reencarnar y podremos vivir, por ejemplo en un ashram, donde nos beneficiaremos del ambiente espiritual de ahí, pero sin embargo, será obligatoria esta encarnación nuestra. No la podemos evitar si por ejemplo, hemos hecho iniciaciones en una determinada fuerza cósmica divina, olvidando hacer la consagración, una vez, dos veces, tres veces, cinco veces; o, por ejemplo, vamos a decir que si hemos iniciado 6000 hombres, pero la hemos hecho egoístamente, para esto nos vamos a reencarnar digamos 20 veces en diferentes ashrams del planeta, en este planeta o en otros donde obligatoriamente tendremos que beneficiar de este ambiente espiritual que merecemos.
Es una cuestión obligatoria, y no podemos evitarla diciendo: “¡No quiero más, me he cansado!”. Así que queriendo o no queriendo tendremos que soportar estas consecuencias de nuestra acción.
Hombres haciendo la consagración, la energía viene de Dios, pero no nos sentimos agotados, extenuados, terminados, vacíos, sino que sentimos que estamos integrados, que nuestra acción es fluida, que una fuerza infinita nos sostiene y al final percibimos que somos libres, que no podemos esperar ninguna consecuencia de nuestras acciones, porque no da ningún tipo de fruto, no estaremos obligados a encarnarnos así como ocurre en la otra situación cuando aquel que hace la misma iniciación olvida consagrarla a Dios. Así que son dos acciones que vistas desde afuera, pueden hacer a alguien incapaz de discernir, desde el punto de vista sutil, decir: “Es lo mismo”. Uno consagra, el otro no. Ambos hacen una iniciación, por ejemplo, en Tara (la Gran Fuerza Cósmica de la Compasión) en dos ciudades diferentes. Uno al final estará extenuado, agotado porque trabaja con su energía propia, y el otro será capaz de iniciar 10.000 hombres más, después que ha acabado la iniciación de los 6.000. ¿Por qué? Porque en un caso él está integrado desde el punto de vista divino, y toda la energía viene de la respectiva fuerza cósmica, y en el otro caso, él funciona con las energías que le pertenecen como ego, como ser individualizado. En la situación de la consagración él está ya integrado en una red en la que Dios se manifiesta a través de él. En la otra situación, él es aquel que manifiesta solo y eventualmente llega a la respectiva fuerza cósmica, pero su vitalidad de sostenimiento le puede abandonar.
Por ejemplo, si alguien hace esta iniciación y está 8 horas de pie, en el caso en el que ha realizado esta acción con consagración sentirá que no se cansa. En la situación en la que él hace la misma acción pero sin consagración, constatará que después de 2-3 horas siente cansancio en las piernas. Aunque el haga una acción espiritual, su energía física le abandona.
¿Por qué? Porque él funciona con lo que tiene su ego, con lo que tiene su individualidad. En la situación de la consagración, el funciona con energía que proviene de Dios que compensa lo poco que el tenia al nivel individual; y en lugar de sostenerle para quedarse de pie 2 horas le puede sostener 14-20 horas porque, de hecho, Dios le sostiene y él solo percibe que no se cansa y se sorprende cómo ha podido hacerlo. En la otra situación se cansa y tiene que parar; ¿Por qué? Porque está rota la comunión con Dios.
¿La oración “El Padre Nuestro” dicha antes de una acción puede sustituir la consagración?
No. Puede crear en nuestro ser un estado de comunión con Dios, pero no la puede sustituir porque la consagración es una ofrenda nuestra directa entregada a Dios, a quien le ofrecemos los frutos de nuestra acción. No es equivalente con la oración. Puedo decir El Padre Nuestro para sentirme más cerca de Dios, pero esto no excluye ofrecerle después, los frutos de mi acción. Son dos cosas distintas. No tienen que caer en esta confusión. Si sienten que se les hace difícil abrirse hacia Dios para realizar la consagración, antes de ésta pueden decir El Padre Nuestro. Así pueden sentir un estado de comunión empatica, de abrazo que Dios les ofrece, cuando dicen con sentimiento El Padre Nuestro y después pasan a realizar la consagración.
El decir El Padre Nuestro, el sentir el estado de comunión con Dios y después decir: ¡Ya! He consagrado, Dios me ha respondido.” No tiene ninguna eficiencia desde el punto de vista de la eliminación del condicionamiento kármico, porque el acto de ofrecer los frutos de nuestra consagración es un acto distinto que no tiene nada que ver con el Padre Nuestro. El Padre Nuestro es el Padre Nuestro y la consagración de los frutos de nuestra acción hacia Dios es otra cosa. Son dos cosas distintas y no tenemos que, ponerles al mismo signo.
¿Es suficiente conque en una consagración digamos: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y hacer la señal de la cruz tres veces?
No es suficiente, porque ésta es una acción de integración nuestra en la Trinidad, pero si después de hacer esto decimos interiormente o incluso en voz alta: “¡Padre celestial te ofrezco a ti los frutos de la acción que voy a realizar ahora, te imploro hazme entender si tu los aceptas!”, es correcto. Y después esperan en un estado de recogimiento interior si este flujo divino, transfigurador, como una reacción, como un hálito sublime, extático, viene y les inunda el ser. Si esto ocurre significa que su consagración ha sido de verdad recibida, que los frutos de la acción que van a hacer son de verdad ofrecidos a Dios y que él los ha aceptado.
Decir solo el Padre Nuestro o “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” haciendo tres veces la señal de la cruz y después realizar la acción, este es un gesto que no hace más que pedir ayuda suplementaria de Dios para la acción que vamos a realizar, pero sus frutos nos pertenecen. Dios nos puede tomar los frutos sólo si nosotros le ofrecemos claro y precisamente a El.
Si las acciones se ofrecen a Dios como frutos, Dios se manifiesta a través de nosotros y puede hacer de verdad que los frutos de nuestras acciones no nos pertenezcan. Las acciones no se atan más con nada. En el caso que nosotros no hemos hecho esta ofrenda, los frutos de estas acciones se van a encadenar. Buenas o malas, estas acciones que nosotros realizamos ahora darán frutos que nos obligarán a recibirlos, serán reacciones ulteriores.
En la situación en la que hemos consagrado a Dios, estas reacciones no pueden aparecer nunca. Quedan las vivencias del momento que se producen durante la acción, porque no es el caso creer que si ofrecemos estas acciones nuestras no vamos a sentir nada.
Lo que sentimos queda, e incluso aparece una vivencia mucho mas intensa porque la fuerza proviene de Dios; y nosotros la sentimos que se manifiesta a través de nosotros. De hecho Dios es aquel que actúa ahí. Es mucho más de los que realizamos nosotros normalmente. Este es un gran secreto.
¿Tenemos que decir otras palabras más, o pensamientos?
Si, tenemos que decir las palabras de ofrenda a Dios Padre de dichas acciones y sus frutos, o eventualmente pensarlas, y después que las hemos dicho o pensado tenemos que lograr sentir si de verdad Dios recibe estos frutos nuestros. Si esta acción nuestra está recibida y Dios nos carga a continuación con la energía que nos permite realizarla, entonces de verdad podemos empezar a actuar. Si no viene ninguna respuesta de Dios, entonces es necesario no actuar, no hacer nada en la dirección respectiva.
Hemos entendido que después de realizar la consagración tenemos que esperar una respuesta de parte del Divino antes de empezar la acción. Es exactamente como se dice cuando hacemos una limosna: que sea recibido. Pero en el caso de la Consagración no lo decimos solo mecanicamente, sino que esperamos que ofrezca esta respuesta de Dios.
¿Si esta respuesta no viene o no la percibimos?
No, se excluye no percibirla. Si Dios responde, nosotros percibimos. Dios tiene a su disposición los medios que tiene en su magnificencia, para hacernos entender que está de acuerdo con esta acción. Si no, no aparece absolutamente nada.
Es exactamente como en un diálogo. Le preguntamos a Juanito: “¿Juanito, estás de acuerdo que mañana te traiga la tele y te la ofrezca?” Y el otro no contesta. Formulamos una vez más y de nuevo no recibimos ninguna respuesta. No hay ninguna reacción, no le tiembla ni siquiera un músculo en su rostro, no nos contesta. Si ni por la tercera vez no nos contesta entonces está claro. Si en una situación así os parece que algo no esta en regla cuando hacen la consagración por la primera vez, es necesario hacer esta consagración tres veces. Si incluso ni después de la tercera vez nos aparece ninguna respuesta, entonces de verdad es necesario parar. Podemos estar seguros de que esta acción no es recibida desde el punto de vista de la consagración de los frutos hacia el Divino. En una situación así no esta bien empezar esta acción.
La realización de la consagración seguida de la acción inmediata sin recibir esta respuesta de Dios, no nos asegura que los frutos de nuestra acción han sido recibidos. Así que si realizamos esta consagración y no viene ninguna respuesta no está indicado actuar. Nos abstenemos, porque está claro que esta ofrenda nuestra no está recibida, Dios, en este caso, no acepta recibir los frutos que queremos ofrecerle. ¿Por qué? Esto es su problema. Mirando ulteriormente y meditando aquella solución podemos damos cuenta que algo no está en regla ahí.
¿Es posible que para una acción que, aunque esté espiritualmente integrada, nosotros no percibimos la respuesta de Dios?
No, es imposible. Para estar seguros, si tenemos algunas dudas, hacemos dos veces más la Consagración. Y si en todas estas tres no aparece ninguna respuesta, ninguna reacción, esta claro que no existe respuesta y que, aunque la hemos hecho, Dios no acepta estos frutos que queremos ofrecerle, y así que el no nos sostiene; esta falta de respuesta significa que en realidad nuestra acción no esta integrada en Dios.
En un determinado momento Eugenio (un instructor de allá) decía que sentía la dinamización fuerte de Sahasrara, hecho que le daba la confianza de que la acción que tenia que hacer, estaba integrada en Dios, pero sin embargo, la acción habia tenido un carácter catastrófico.
Sabed que en este caso no ha sido una integración en Dios. La dinamización de Sahasrara no es suficiente como respuesta a nuestra consagración. Es algo transfigurador, ennoblecedor que sentimos y que no se puede confundir. La simple dinamización de Sahasrara no es suficiente y no podemos decir que es la respuesta de Dios, porque esta respuesta no va solo en Sahasrara. La respuesta entrena todos los centros desde Sahasrara hasta Muladhara. Que no se percibe distinto e igual hasta en Muladhara esto es otra cosa, pero tienen que saber que, sin embargo se siente proporcional. Quiero decir que podemos sentir, Sahasrara 70%, dinamizada Ajna 60%, dinamizada Vishuddha 50%, activada Anahata 40%, Manipura 20%, Swadhistana 10%, Muladhara 5%, pero se sienten claramente todos los centros de fuerza. Es como un derrame de gracia desde la coronilla hasta Muladhara.
… Vamos a recordar que no por causalidad se dice: “El hombre propone y Dios dispone”. No podemos estar seguros con antelación que Dios recibirá todo lo que nosotros le ofrecemos. Las acciones que realicemos deben primero ser aceptadas por Dios y después, cuando hemos recibido interiormente esta respuesta, podemos estar seguros. Pero estar seguros antes de tener esta respuesta es una tontería y no nos dispensa del error el considerar que estamos integrados a través de esta ofrenda de los frutos de nuestra acción.
Háblanos por favor también del hecho que hace que alguna vez puedes creer que consagras a Dios y de hecho contactas no sé que entidades.
No, algo así no es posible. Quien consagra a Dios recibe la respuesta sólo de Dios, quien consagra a otro recibe la respuesta exactamente de aquél, o del aspecto a quien ha consagrado. Si las cosas no estuviesen así no podríamos tener nada claro en el Macrocosmos.
Decíamos que hacemos un funeral y le pedimos a Dios que le ayude y vendría Satán, o los magos negros dicen que llaman a Satán y vendría Dios. No, así seria un verdadero caos en el Macrocosmo.
El pensamiento evoca, a través de la resonancia, el aspecto o la fuerza que habían mentalizado. Y esto hace que nos pone instantáneamente, en contacto exactamente con la fuerza que hemos evocado. Si decimos el Padre Nuestro excluye que venga Satán, porque el Padre Nuestro es una oración de conexión con Dios Padre. Podemos estar seguros que a través de esta oración solo Dios Padre será contactado y no otro. Vamos a pensar en los que se llaman satánicos. Ellos tienen incluso rituales especiales en los que evocan las fuerzas infernales. Pero ninguno de estos implica recurrir a alguna denominación cristiana y algo sagrado, divino. Si algunos de estos rituales recurren sin embargo, a unos símbolos cristianos, lo hace solo de modo sardónico. Por ejemplo, se toma la vela y en lugar de encenderse normal se enciende al revés, o se toma la hostia, se blasfema en todos modos y después se come, sirviendo como modalidad de contactar a Satán; pero antes se blasfema. Se pronuncian diferentes maldiciones, cosas feas, incluso se escupe en un modo especial para hacerla volverse algo satánico y después se come. Pero la hostia no se puede utilizar justo cuando la traen de la iglesia. Los satánicos no pueden comer hostia o beber agua bendita e invocar después a Satán. ¡No, nunca!
Así que está excluido imaginar alguna vez que diciendo El Padre Nuestro venga Satán o cuando dicen “¡Satán, ayúdame!”, que venga Dios.
¿Existen sin embargo, situaciones en las que se puede actuar haciendo una consagración espontánea?
No existe consagración espontánea. La consagración es así como se ha enseñado y así se debe hacer siempre. No es posible la existencia de una consagración espontánea. Si unos piensan en algún día fusionar amorosamente con continencia (Brahmacharya) y en un momento arrancan la ropa y dicen: “¡Ya, ahora la consagración es espontánea, vamos!”, esta es un gran error que evidentemente los pone en situación de un engaño. Es solo un acto que crea Karma que seguirá mas tarde o temprano, incluso si esta lleno de buenas intenciones. Ni siguiera la oración que se hace: “¡Oh Señor, ayúdame!” nos dispensa de Karma. En esta situación Dios nos ayuda, pero los frutos de la acción se soportaran de aquel que ha rezado a Dios.
El hecho de que decimos: “¡Oh Señor, ayúdame!” y después realizamos no sé qué acción, no implica que esto es Karma Yoga. Pero si después de “¡Oh Señor, ayúdame!”, decimos también “¡Te ofrezco a ti los frutos de mi acción que tú me ayudas a realizar!” y después sentimos que Dios nos ayuda, que Dios recibe esta consagración nuestra, la acepta, entonces podemos estar seguros que la acción en la que Dios nos ayuda y que hemos consagrado no tendrá para nosotros ningún tipo de cadena Karmica, no tendrá efectos ulteriores en esta existencia o en otra.

Academia Espiritual de Yoga ANANDA