¿Se le paso alguna vez andar preocupadas por la calle, analizándose sus problemas, planear las actividades del mismo día? Y en un momento dado, levantar la mirada, pueden ver una mujer sonriente y, de repente le vuelven espontáneamente la sonrisa. En un fracción de segundo olvidan todas las inquietudes, se ponen con la espalda derecha y se dan cuenta que todas las problemas tienen resolución. Una pura sonrisa tiene un poder maravilloso. Si sonríen a alguien, pueden ayudar a este hombre ser contento consigo. Cuando sonríen a las plantas, ellas sentirán el amor y crecerán armoniosamente.
Una verdadera sonrisa es un signo de afección, una emisión espontánea de energía, con un efecto tónico, saludable. Es como una música armoniosa. Una mujer que no sonríe es como una guitarra callada: está en una margen del cuarto, empieza deformarse y destruirse. La mujer que no sonríe no se desarrolla la capacidad de recibir y ofrecer amor. Su rostro oscuro y su actitud demasiada seria sobre la vida está a menudo asociada con diferentes afecciones, y en el mismo tiempo, su vida interior se va a apagar por falta de amor.

Al contrario, la guitarra mantenida en ejercicio tiene sus cuerdas siempre activas y esta acordada. Una guitarra que está amada y cuidada trae la vida y la luz al cantante y, muchas veces le sobrevive. Igualmente, la mujer que sonríe trae la alegría en el alma de los hombres y trae ella misma una vida sana y feliz. No la recordamos mucho tiempo después, aunque no este más en nuestro entorno.
Una mujer superior es dueña de si misma, sin miedo, quieta, alegre, amable y llena de buena voluntad en cualquier situación sea. Una así mujer será cada vez más feliz y entusiasmada, a pesar de todas las dificultades de la vida. Su rostro, su voz, su comportamiento, el humor bienhechor y también sus observaciones, ayudan a las personas de su entorno.
Cada una de la palabra y del gesto de una mujer debe expresar felicidad, entusiasmo, alegría, afectividad y reconocimiento, así como la canción de las aves y la hermosura de las flores expriman la armonía y la alegría de existir. El sol, las estrellas, las montañas, las aguas y las flores participan lo a menudo insospechados a la armonía de nuestra vida. ¿Como podríamos vivir dentro de todas estas cosas sin estar llenas de amor, alegría y felicidad? Nuestra actitud tendría ser la de un niño lleno de candor que recibe un regalo divino. Si no integramos todo lo que nos rodea en esta manera transfiguradota, significa que somos lejos de la condición de una salud perfecta. Un sabio europeo decía que en el momento en el cual paramos de tener el estado de niño, ya hace mucho que estamos muertos.
Debes admirar sinceramente y amar con toda la fuerza todos los seres que merecen tu amor, todas las cosas, el hilo de césped, la gota de agua, el grano de arena, todo el misterio de la vida. Si no eres siempre optimista, llena de alegría, en no importa que circunstancias, te parecerás a un ciego que nunca puede ver las maravillas de este mundo. Si tu siempre tendrás algo de reprochar, seria mejor quedarte sola en tu cuarto y buscar a sublimar tus resentimientos, antes que aparezcas en el medio de otras personas. Raras veces encontramos mujeres agradables, alegres y benévolas, porque la mayoría de los seres humanos son enfermos. Muy a menudo ellos no saben como se puede llegar a un estado de armonía y por eso no le debemos juzgar erróneamente.
Ser permanentemente cocientes por la organización equilibrada de este Universo, seremos muy rápido seres llenos de alegría y de reconocimiento y no perderemos ninguna oportunidad de (por) manifestarlas en nosotras mismas y en nuestro entorno. Tenemos que ofrecer muy a menudo placer, felicidad, alegría y gracia. Sonriamos, digamos con una voz cuanto más agradable, en palabras simples “gracias”, cuanto más posible. No perdemos nada actuando en esta manera porque seremos felices y en el mismo tiempo haremos felices a los de nuestro entorno.
Seremos así los niños puros de esto universo sinfín, quien, a través de nosotras, las mujeres, anima, ama y renace. Si entenderemos y pensaremos siempre así, todo va a venir hacia nosotras con abundancia. Si pensaremos cerradas que perderemos los buenos materiales ayudándoles a los demás, viviremos siempre un estado de tensión, de enfermedad y de infelicidad. La ceguera mental y espiritual es mucho más peligrosa que la ceguera física. Si casi siempre vivimos un estado de temor por no ser robados de nuestros buenos efímeros, somos en realidad las victimas del olvido, porque hemos perdido de la vista la origen real de nuestra vida. El regalo es un acto de libertad y sacrificio, una expresión del agradecimiento infinito y del entendimiento libre de todos los prejuicios.
Muchas mujeres, aunque reconocen las diferencias entre los hombres alegres y los entristecidos, aunque asocian la felicidad con la salud y la tristeza con la enfermedad, no reconocen el poder de la sonrisa y no le reconocen las virtudes. En realidad, ellas no sonríen a sus propios seres. En China antigua, los taoístas aprendían que una sonrisa interior permanente, una sonrisa hacia nosotros mismos aseguraba la salud, la felicidad y la longevidad. Sonreír a nuestro propio ser es como nos envolvemos con amor y nos convertimos en lo mejor nuestro amigo. Vivir sonreír interiormente significa vivir en armonía con nosotras mismas, significa vivir en plena aceptación de nuestro cuerpo, de la nuestra mente, del nuestro alma, del nuestro ser.
Todas las cosas y los fenómenos de este mundo son aspectos ilusorios, porque nada existe afuera del Principio Único, quien es Dios. Es imposible ser una persona consciente de estos aspectos sin ser tu misma poderosa y muy feliz. Busca ser cuanto más feliz, irradiar siempre la luz espiritual y felicidad, alegría, candor y espontaneidad a todo el mundo. Nunca dudes de tus posibilidades infinitas y transforme aun tu infelicidad como también a los demás, en felicidad y armonía.

 

 

Cuando Sócrates se estaba muriendo se encontraba tan a gusto que sus discípulos casi no podían creérselo, no podían comprender cómo podía sentirse tan feliz de morir.  Un discípulo, Credo, le preguntó:
-¿Por qué pareces sentirte tan feliz?  Nosotros lloramos y estamos tristes.
Sócrates le dijo:
-¿Por qué no debería estar feliz?  He conocido lo que es la vida y ahora me gustaría conocer lo que es la muerte.  Estoy a las puertas de un gran misterio y estoy emocionado.  Voy a empezar un gran viaje por lo desconocido.  ¡Simplemente estoy expectante!  ¡No puedo esperar!
Y recuerda que Sócrates no era un hombre religioso.  Sócrates no era, en modo alguno, un creyente.
Alguien le preguntó:
-¿Tienes la certeza de que el alma sobrevivirá a la muerte?
Sócrates le contestó:
-No lo sé.
Decir: “No lo sé”, requiere el mayor valor del mundo.  Es muy difícil para un profesor de lengua decir: “No lo sé”.  Es difícil para los loros.  Sócrates fue un hombre muy sincero y honesto.  Contestó: “No lo sé”.
Entonces el discípulo le preguntó:
-Si es así, ¿por qué te sientes tan feliz?  Si el alma no sobrevive, entonces…
Sócrates le dijo:
-He de verlo.  Si sobrevivo no tengo porque tener miedo.  Si no sobrevivo, ¿cómo podré tener miedo?  Si no sobrevivo, no sobrevivo, así que, ¿dónde está el miedo?  No hay nadie ahí, de modo que no puede haber miedo.  Si sobrevivo, sobrevivo.  No hay porqué tener miedo.  Pero no sé exactamente qué es lo que va a suceder.  Por eso estoy tan expectante y dispuesto a averiguarlo.  No lo sé.

 

Academia Espiritual de Yoga ANANDA